1-6-2016 - NUEVO ARTICULO:
CONCEPTO DE "EMPUJE A LA MUJER" EN LA PSICOSIS - de MONICA MARIA PALACIO COLORADO
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El au(toma)tismo mental
Françoise Josselin
Traducción del francés: Armando Cote, Eduardo
Minesas
La ética del deseo del psicoanalista no
concierne al seguimiento de la evaluación de la clínica de lo real, lo real de
los hechos -a propósito de los cuales Freud
nos incita, en el caso del Hombre de los lobos, a sobrepasar lo insoportable-
puesto que no es está clínica la que más nos enseña, sino la evaluación de la
estructura.
Que más insoportable que este infierno de Dante
que es la clínica de la esquizofrenia: esos demonios del goce de los cuales
Bleuler describe minuciosamente los síntomas fundamentales, complejos y accesorios
que invaden el cuerpo como el pensamiento.
Una joven mujer se presenta como una esquizofrénica
paranoide. Nos expone un delirio difuso, no sistematizado, a temática múltiple:
mística, erotómana et de persecución sobre un fondo de síndrome disociativo con automatismo mental y trastornos del
humor, o sea, un cuadro completamente clasificable en la nosografía psiquiátrica.
Curiosamente, el diagnostico de esquizofrenia
fue apenas evocado en la discusión que siguió a la presentación de caso, no por la evidencia
del cuadro clínico sino a causa de la preponderancia de la perplejidad del sujeto frente a una
pregunta fundamental para ella : quien podrá liberarla de tener que reescribir
incesantemente la relación sexual? "A mi
nadie me había dicho qué complejo yo tenía", ella, quien dice tener el complejo de Edipo,
habiendo sido violada desde el nacimiento no sólo por su padre sino por todos
los miembros de la familia, que tiene desde pequeña el complejo de Icaro, signo
de un "desentenderse", dejar caer, muy precoz. Ha debido, además,
arrojarse por la ventana dramáticamente,
empujada por las voces familiares que le ordenaban matarse. Ha saltado al vacío
como al agua, tapándose la nariz. "Que
el agua haya fluido sobre la acera sin que llueva" le ha aportado un día la
prueba de la existencia de Dios
Frente al vacío de una respuesta previa al -"Quién
soy?" concerniente a su sexo y su contingencia en el ser, la significación
fálica salta, dejando avanzar las aguas de un goce sin medida que arrastran a
ese sujeto a una arena primitiva a la Fritz the Cat : todo el mundo quiere
gozar de ella, hombres y mujeres la violan desde que "cruzan sus ojos".
Los flechazos amorosos no logran luchar contra la esquizia demasiado real de la
no relación sexual, no amarran a esta joven mujer ni a su identidad ni a su
destino y la dejan, tras una infancia "mariposeante" "flotante
como el pescado, su signo astrológico y por lo tanto místico", dice ella
entre dos discursos: el de una madre "caníbal, asesina" y de un "padre: esquizofrénico". Estudios
superiores en Derecho, Lenguas y Bellas artes se cierran por un empleo de
controladora en el servicio de Correos y Telégrafos.
Sandrine no encuentra la ecuación entre la
diferencio biológica de los sexos y el significante S1 que la representaría
respecto a otro significante S2 : "Hay
cosas que me escapan, cosas que no se pueden agrupar, por ejemplo el hombre
y la mujer. No logro saber la diferencia
entre el hombre y la mujer a parte de lo físico".
Frente al Uno de la pareja se desdobla como el
Zarathoustra de Nietzsche, en hombre y en mujer, incapaz de encontrar la
ecuación de los orígenes que propone Lacan: que para hacer dos (la díada sexual) hace falta un tercer elemento,
o sea:
1 (el UNO de la pareja) - a = a2.
El significante del Nombre del Padre forcluído,
no opera su corte significante. El Nombre Propio no puede hacer marca, darle un
nombre de familia : por ello el nombre de doblete que debe encarnar, condenada
a construirse una filiación universal que no se sostiene: hija de Athena,
descendiente de Francisco primero o de Kadhafi…
Durante las entrevistas con su analista precisará
la imposibilidad de un objeto separable, que le permita sostener su imagen. Tiene
dos cerebros: el segundo siendo el de su hermana, quince meses mayor, a la que ve
en el espejo: rubia y bella bajo la máscara de sus trazos: morena y fea.
Permanece habitada por el lenguaje : bajo forma
alucinatoria, le retornan los significantes "Pequeña
herramienta" y "Pequeña a-a"
con el que sus padres la designaban
cuando niña frente a su imposibilidad de soltar los objetos o el eco "ah-ah"
que la poseía.
Sandrine testimonia, por debajo del cuadro de
esquizofrenia, que es la presa de un autismo según Bleuler: 0 sea de un erotismo
sin lo sexual. Por otra parte dirá que de niña era también autista, que no
hablaba, que no sabía leer ni escribir. "Es innato, es no tener el
lenguaje, el lenguaje moral, ahora lo tengo con los medicamentos, el amor por los
otros".
Esta innatalidad, fundamental para Kanner, no
es equivalente de un nacimiento. Sandrine debe nacer en cada aniversario.
La pregunta para el psicoanalista permanece:
¿Cúal es el estatuto del Otro para esos sujetos? ¿Cómo tener un cuerpo significante,
como habitar el lenguaje cuando el Otro realmente no existe? Parecen intentar
una construcción de tipo normal-masculino en lo real, construyendo sin descanso
un andamio en torno al vacío, una envoltura de prótesis, es decir, mecánica (
cf. la construcción de Tinguely que ilustra el automatismo mental en la
colección de Les Empêcheurs de Penser en rond), del orden de un doble real
mental (sea significante, en el caso del tipo hiperverbal, que los habita) sea psicomotor
o sensorial según la clasificación del automatismo de De Clérambault. Se puede
volver a interrogar esos inclasificables que son las personalidades "as if"
("como si"), la psicosis lacaniana, esos locos llamados normales tan inconsistentes..,.
a la luz del núcleo psicótico (autista) de Freud.

Eduardo Minesas
Algo más sobre los proyectos humanos
José Ortega y Gasset
Prólogo a la "Filosofía de la historia" de Hegel.
Lo que vale más en el hombre es su capacidad de insatisfacción. Si algo divino posee es, precisamente, su divino descontento, especie de amor sin ser amado y un como dolor que sentimos en miembros que no tenemos. Pero bajo el gesto insatisfecho de joven príncipe Hamlet que hace el hombre ante el universo se esconden tres maneras de alma muy diferentes: dos buenas y una mala.
Hay la insatisfacción provocada por lo incompleto e imperfecto de cuanto da la realidad. Este sentimiento me parece la suma virtud del hombre; es leal consigo mismo y no quiere engañarse atribuyendo a lo que lo rodea perfecciones ausentes. Esta insatisfacción radical se caracteriza porque en ella el hombre no se siente culpable ni responsable de la imperfección que advierte. Más hay otro descontento que se refiere a las propias obras humanas, en que el individuo no solo echa de ver su defectuosidad, sino que tiene a la par conciencia de que sería posible evitarla, cuando menos en cierta medida. Entonces se siente no sólo descontento de las cosas, sino de sí mismo. Ve con toda claridad que podría aquella hacerse mejor; ve ante sus ojos, junto a la obra monstruosa, el perfil ideal que la depura o completa, y como la vida es en él –a diferencia de lo que es en el animal- un instinto frenético hacia lo óptimo, no para hasta que ha logrado adobar la realidad conforme a la norma entrevista. Con esto no obtiene una perfección absoluta, pero sí una relativa a su responsabilidad. El descontento radical y metafísico perdura, pero cesa el remordimiento.
Frente a estos dos modos excelentes de sentirse insatisfecho hay otro que es pésimo: el gesto petulante de disgusto que pasea por la existencia el que es ciego para percibir las cualidades valiosas residentes en los seres. Esta insatisfacción queda siempre por debajo de la gracia y virtud efectivas que recaman lo real. Es un síntoma de debilidad en la persona, una defensa orgánica que intenta compensarla de su inferioridad y nivela imaginariamente a la vulpeja con todo racimo peraltado.
Ortega y Gasset insiste y valoriza la capacidad de insatisfacción. ¿Qué diríamos desde nuestra óptica lacaniana, en la que el acento está puesto en lo real y el goce? De todos modos, me parece bueno que tengamos en cuenta algunos pensadores de nuestra lengua. Podemos disfrutar en este caso del encanto un poco romántico de este texto, ese acento puesto en lo que nosotros llamamos deseo (la insatisfacción) y esa incitación a no confundir "todo racimo peraltado con la vulpeja".