El au(toma)tismo mental
Françoise Josselin
Traducción del francés: Armando Cote, Eduardo
Minesas
La ética del deseo del psicoanalista no
concierne al seguimiento de la evaluación de la clínica de lo real, lo real de
los hechos -a propósito de los cuales Freud
nos incita, en el caso del Hombre de los lobos, a sobrepasar lo insoportable-
puesto que no es está clínica la que más nos enseña, sino la evaluación de la
estructura.
Que más insoportable que este infierno de Dante
que es la clínica de la esquizofrenia: esos demonios del goce de los cuales
Bleuler describe minuciosamente los síntomas fundamentales, complejos y accesorios
que invaden el cuerpo como el pensamiento.
Una joven mujer se presenta como una esquizofrénica
paranoide. Nos expone un delirio difuso, no sistematizado, a temática múltiple:
mística, erotómana et de persecución sobre un fondo de síndrome disociativo con automatismo mental y trastornos del
humor, o sea, un cuadro completamente clasificable en la nosografía psiquiátrica.
Curiosamente, el diagnostico de esquizofrenia
fue apenas evocado en la discusión que siguió a la presentación de caso, no por la evidencia
del cuadro clínico sino a causa de la preponderancia de la perplejidad del sujeto frente a una
pregunta fundamental para ella : quien podrá liberarla de tener que reescribir
incesantemente la relación sexual? "A mi
nadie me había dicho qué complejo yo tenía", ella, quien dice tener el complejo de Edipo,
habiendo sido violada desde el nacimiento no sólo por su padre sino por todos
los miembros de la familia, que tiene desde pequeña el complejo de Icaro, signo
de un "desentenderse", dejar caer, muy precoz. Ha debido, además,
arrojarse por la ventana dramáticamente,
empujada por las voces familiares que le ordenaban matarse. Ha saltado al vacío
como al agua, tapándose la nariz. "Que
el agua haya fluido sobre la acera sin que llueva" le ha aportado un día la
prueba de la existencia de Dios
Frente al vacío de una respuesta previa al -"Quién
soy?" concerniente a su sexo y su contingencia en el ser, la significación
fálica salta, dejando avanzar las aguas de un goce sin medida que arrastran a
ese sujeto a una arena primitiva a la Fritz the Cat : todo el mundo quiere
gozar de ella, hombres y mujeres la violan desde que "cruzan sus ojos".
Los flechazos amorosos no logran luchar contra la esquizia demasiado real de la
no relación sexual, no amarran a esta joven mujer ni a su identidad ni a su
destino y la dejan, tras una infancia "mariposeante" "flotante
como el pescado, su signo astrológico y por lo tanto místico", dice ella
entre dos discursos: el de una madre "caníbal, asesina" y de un "padre: esquizofrénico". Estudios
superiores en Derecho, Lenguas y Bellas artes se cierran por un empleo de
controladora en el servicio de Correos y Telégrafos.
Sandrine no encuentra la ecuación entre la
diferencio biológica de los sexos y el significante S1 que la representaría
respecto a otro significante S2 : "Hay
cosas que me escapan, cosas que no se pueden agrupar, por ejemplo el hombre
y la mujer. No logro saber la diferencia
entre el hombre y la mujer a parte de lo físico".
Frente al Uno de la pareja se desdobla como el
Zarathoustra de Nietzsche, en hombre y en mujer, incapaz de encontrar la
ecuación de los orígenes que propone Lacan: que para hacer dos (la díada sexual) hace falta un tercer elemento,
o sea:
1 (el UNO de la pareja) - a = a2.
El significante del Nombre del Padre forcluído,
no opera su corte significante. El Nombre Propio no puede hacer marca, darle un
nombre de familia : por ello el nombre de doblete que debe encarnar, condenada
a construirse una filiación universal que no se sostiene: hija de Athena,
descendiente de Francisco primero o de Kadhafi…
Durante las entrevistas con su analista precisará
la imposibilidad de un objeto separable, que le permita sostener su imagen. Tiene
dos cerebros: el segundo siendo el de su hermana, quince meses mayor, a la que ve
en el espejo: rubia y bella bajo la máscara de sus trazos: morena y fea.
Permanece habitada por el lenguaje : bajo forma
alucinatoria, le retornan los significantes "Pequeña
herramienta" y "Pequeña a-a"
con el que sus padres la designaban
cuando niña frente a su imposibilidad de soltar los objetos o el eco "ah-ah"
que la poseía.
Sandrine testimonia, por debajo del cuadro de
esquizofrenia, que es la presa de un autismo según Bleuler: 0 sea de un erotismo
sin lo sexual. Por otra parte dirá que de niña era también autista, que no
hablaba, que no sabía leer ni escribir. "Es innato, es no tener el
lenguaje, el lenguaje moral, ahora lo tengo con los medicamentos, el amor por los
otros".
Esta innatalidad, fundamental para Kanner, no
es equivalente de un nacimiento. Sandrine debe nacer en cada aniversario.
La pregunta para el psicoanalista permanece:
¿Cúal es el estatuto del Otro para esos sujetos? ¿Cómo tener un cuerpo significante,
como habitar el lenguaje cuando el Otro realmente no existe? Parecen intentar
una construcción de tipo normal-masculino en lo real, construyendo sin descanso
un andamio en torno al vacío, una envoltura de prótesis, es decir, mecánica (
cf. la construcción de Tinguely que ilustra el automatismo mental en la
colección de Les Empêcheurs de Penser en rond), del orden de un doble real
mental (sea significante, en el caso del tipo hiperverbal, que los habita) sea psicomotor
o sensorial según la clasificación del automatismo de De Clérambault. Se puede
volver a interrogar esos inclasificables que son las personalidades "as if"
("como si"), la psicosis lacaniana, esos locos llamados normales tan inconsistentes..,.
a la luz del núcleo psicótico (autista) de Freud.
Cecilia Randich
Comentario al texto Passion érotique des étoffes chez la femme
de De Clérambault
El autor describe 4 casos de mujeres (3
redactados en 1908 y 1 en 1910) imputadas por robo de tipo cleptómano en las
que encuentra un “fetichismo” particular: usan la seda para masturbarse. Describo
algunas cuestiones que se me presentan enseguida en una primera lectura del
texto:
1- Qué categorías
diagnósticas usa? De Clérembault (en adelante DeC) busca hacer corresponder ciertos rasgos de
estas mujeres a la nosografìa de la época. Comparará el “fetichismo” en el hombre y este fetichismo particular que nota en
estas mujeres. En la actualidad ¿podemos encuadrar el fenómeno como “perversión”, asì como se presenta en el
escrito de DeC?
Asimismo la categoría “histeria” leyendo estos casos, puede ser cuestionada. Podemos
comparar lo que DeC entiende por histeria y lo que hoy dìa, desde el
psicoanálisis lacaniano podemos conceptualizar de esta estructura. En
particular los 3 últimos casos podrían responder a los modernos “trastornos de
conducta” (ver “amoralidad” para DeC)
Para estas cuestiones tal vez nos ayude la
tesis de Lacan, Tres ensayos de
Freud. Se aceptan sugerencias.
2- Modo
de proceder, observar y describir de DeC. Las descripciones de DeC nos
atrapan por su estilo personal para capturar, durante los interrogatorios, el
goce de estas mujeres. DeC pone en juego su arte en la escritura del mismo modo
en que en la fotografía: “saca una foto” con las palabras. Un resumen no puede
sustituir la lectura de los historiales, se perdería su estilo.
3- La
vida de DeC y su trágico final. Como analistas, estaremos tentados de abrir
hipótesis sobre su goce. Es recomendable ir con prudencia, sin dejar de admirar
la fineza de sus actos (el modo de interrogar, por ejemplo) y lo que pudo provocar
en sus interlocutores.
Caso I: Histeria - Tendencia a la
depresión – Frigidez declarada. Delirio de tocar. Pasión por la seda – Impulsos
cleptómanos con participación genésica. Esbozos de perversiones sexuales en
sueños (homosexualidad, masoquismo, bestialismo) – Algofilía simple.
Primer día: DeC dice
que desde el principio le pareció que se trataba de una histérica. Fue enviada a la Enfermería Especial del Dépôt desde la
prisión de Fresnes por una crisis de agitación violenta (romper objetos y
amenazar con tijeras) del que luego dice no recordar nada. Sospecha que la
mujer esté tratando de simular una
amnesia (dice no recordar ninguna escena violenta) con el objetivo de evitar
una condena de la que se cree amenazada: su confinamiento en prisión. Es una
mujer “inteligente de unos 40 años, de aspecto anémico, triste, poco habladora”
dice DeC. El motivo del encarcelamiento es el robo de un retal de seda, siendo
ésta la cuarta vez que roba lo mismo.
Durante el interrogatorio DeC percibe que la
mujer siente vergüenza. DeC la
dirige las preguntas hacia el motivo de esta vergüenza porque busca un
atenuante a la condena, ella no sabe que puede ser declarada inimputable, ha siempre sido juzgada
sin comparecer, sin haber nunca hablado con un Juez istructor, ni siquiera con un
abogado. La mujer dice que roba porque siente un impulso, una tentación
demasiado fuerte, una atracción por la seda: la seda la fascina (usa el verbo charmer). Dice de sí ser frígida, haber
tenido varios amantes, y que usa la seda robada para masturbarse.
DeC sabe que “los actos cleptómanos se
combinana con perversiones sexuales”, pero dice que se abstiene de hacer
preguntas sobre qué tipo de satisfacción busca, si siente angustia o lucha
interior, para evitar sugestionarla. La mujer parece sincera, pero a DeC le
surge una duda: deshacerse del objeto robado es frecuente en los cleptómanos
pero no en los fetichistas. La paciente no recuerda nada del inicio de su
pasión por la seda, pero su primer robo sucede a los 32 años, mientras que las pasiones
fetichistas empiezan durante la infancia. Dice DeC: “Finalmente, parecía un
poco difícil que una mujer hasta entonces frígida, hubiera sentido una intensa
sensación sexual, equivalente en cierto modo a la del primer amante en las
demás mujeres, sin conservar recuerdos de ella”.
Segundo día: el interrogatorio es conducido por su jefe,
el Dr. Legras y DeC. A las mismas preguntas no añade elementos.
Tercer día: dice que además de la seda le gustaba el
terciopelo. Desde hace mucho tiempo obtiene placeres sexuales con estas telas,
sensación que descubrió en soledad,
sentada en una silla tapizada de terciopelo, no en modo usual sino a caballo. Su
goce es fundamentalmente clitorideano, escasamente vaginal. Datos biográficos:
salida de un internado a los 15 años, casada a los 16, no disfrutó en absoluto
las relaciones conyugales, más tarde le sobrevino una verdadera repulsión hacia
su marido. Inicia a masturbarse poco antes de casarse, retoma la práctica poco
después. Dice tener sueños eróticos, con animales y con dos hombres, pero dice
que nunca haría tales cosas, son sólo imaginaciones. “Aún sabiéndose histérica
nunca se sometió a examen por temor a ser internada” escribe DeC. “Conozco los asilos, una tía murió en
Vaucluse, tenía dolores como los míos”. Las crisis ocurrían en los días
previos a la menstruación. DeC dice que esas crisis están relacionadas con la histeria. Tuvo tres
crisis en la prisión de Fresnes, pero no recuerda la última. DeC vuelve a
preguntar por lo que siente en los robos, dice “me dan ganas de chillar”. Cuando le pregunta si nunca pensó en
hablar con un médico o un abogado, dice “Jamás!”
con tal rapidez que DeC sospecha que su pudor estaba en juego. La mujer responde
con lentitud, vacilación y llanto. DeC describe su situación penitenciaria.
Cuarto día: sin respuestas destacables. Luego tiene una
crisis convulsiva. Siente terror ante la idea de quedar internada en la enfermería,
prefiere volver a Fresnes, donde cada día se descuenta de su condena.
Quinto día: La
mujer describe su manera de gozar sexualmente. Ni siquiera las prácticas sexuales
con un hombre muy amado (uno de los amantes) habían tenido para ella el valor
de la masturbación solitaria. Siente repulsión por su marido, de quien describe
una escena de agresión. Habla de sus sueños, en los que ella es abusada por
hombres o animales. Describe un “dolor
agradable”. En la vida cotidiana jamás ha buscado una cosa similar, sino
simplemente, a veces se ha entretenido pinchándose los dedos con alfileres,
juego que no tiene una connotación sexual. A
veces tiene sueños sexuales una mujer de 16 años, los describe.
Su primer robo sucede a los 32 años. Dice
que, siendo costurera, disponía ya del material robado y confiesa un placer
propio de la situación de robo. DeC le pregunta cómo juzga su caso: dice no ser como las demás mujeres, se
perjudica sólo a sí misma; quisiera liberarse de eso pero no puede. Para
librarse de su masturbación se había buscado un amante.
De la anámnesis emerge lo siguiente: de
familia neuro-artritica, abuela y tía paterna que murieron locas. La paciente
es la mayor de 4 hermanos, dos hermanas histéricas, de cuyas crisis dice “una de ella no las tiene, está demasiado
ocupada con sus hijos”. DeC menciona
otros miembros de la familia “degenerados” y masturbadores.
Es curiosa la forma de escribir los datos
biograficos, en los cuales mezcla la anámnesis psiquiátrica y el relato:
primeras reglas a los 13 años. Matrimonio infortunado, separación amistosa. La
paciente ha tenido 17 embarazos, 4 de ellos terminados en abortos. Siempre muy
anémica, ha podido amamantar sólo en una ocasión. 8 de sus hijos han muerto,
quedan 5 vivos. Durante un tiempo tuvo a los 5 a su cargo. Su padre reconoció
sólo a los 2 primeros y cuando su mujer entró en prisión, él entregó los 3
últimos a la Asistencia Pública. La hermana de la paciente informa que los
ataques seguidos de amnesia ocurren durante los embarazos, a veces durante los
partos. La describe como excéntrica, derrochadora y supersticiosa: “Tal cosa me ocurrirá. Siento que seré rica
y si no lo soy me mataré”. DeC
interroga también al ex-marido, del
cual dice que no sabe escuchar ni responder. Se separó de ella tras 16-17 años
de matrimonio. Adjudica las crisis a los embarazos y a las hemorragias
frecuentes. Dice de ella que tenía un humor altalenante, que pasaba en un
minuto de acariciar a los niños a pegarles. El rechazo de las relaciones
conyugales sobrevino luego de algunos años; lo pone en relación a los amantes
que tenía en ese período. El marido y la hermana sabían de la masturbación y de
los robos, sin ponerlos en relación.
Al final del relato, DeC correlaciona la
pasión por las telas con el clitoridismo (volverá más adelante sobre este
punto).
Mis hipotesis
sobre el Caso I
A este punto del relato podemos ya comenzar a
exponer las preguntas que pueden ir surgiendo.
Es evidente que DeC tiene una idea de “norma”
sexual segúl la cual la mujer goza de una determinada manera, de lo contrario,
es “perversa”.
Me pregunto por el valor del dolor que la mujer padece, respecto al
cual se lo puede hacer corresponder a una evidente condición física: la anemia
y la artritis condicionan la presencia de dolores físicos agudos. Las crisis
(ver descripciones en el texto) se producen en concomitanza de la mestruación,
los embarazos y los partos. Hoy día un médico de la Salud Pública tal vez se
ocupe primero de la salud de una mujer que se presenta con este cuadro. Podemos
hipotizar un dolor psíquico igualmente agudo, de frente a un real del cuerpo
tan presente: me resulta curioso que DeC no se pregunte nada por los embarazos
repetidos, los abortos y las separaciones repentinas y abruptas de sus hijos
“vivos”. ¿Era normal en esa época la condición de esta mujer- madre? No hay
palabras, ni de la mujer, ni de DeC que recogan una vivencia respecto a los
embarazos. Podemos decir “puro cuerpo” o más bien, “puro organismo”. La mujer hizo varios
intentos para poner en relación su goce sexual con un partner, buscándose
amantes, sin lograrlo.
Mi hipótesis el “dolor agradable” anudado con lo sexual tiene que ver con la sensación
de estar viva de frente a una condición de enfermedad, de muerte y de abortos.
Este puede ser el juego de pincharse. Si siente dolor, está viva. De hecho, DeC
dice “con la algofilía solo busca un dolor físico”. Habría que preguntarse el
valor identificatorio respecto a la tía, de la cual dice sentir dolores como
ella. ¿Porqué DeC califica como “masoquismo”
si en ella no hay conductas masoquistas sino sólo fantasías?
Lo que me parece estar en juego es algo de lo
cual hay sólo un indicio: las fantasías
diurnas con una joven de 16 años (escena con la cual se masturba), que es
la edad de ella misma cuando se casó. Podemos hacer la hipótesis que es a ella
misma que se sueña desdoblada, sueña con besos, abrazos, “que la baña y la
acuesta”, como haría, podemos decir, una madre
con su bebé. No estoy de acuerdo con DeC con su hipótesis de lesbianismo o
safismo nunca llevado a cabo por falta de ocasión. La escena que ella repite,
fracasando cada vez es la de un maternage
imposible. No sería casual entonces, que los robos comienzan cuando deja de
tener hijos (32 años). La pulsión
desanundada aparece en el grito, “me dan
ganas de chillar” Se podrían interpretar los robos como un nuevo intento de
quitarle algo al Otro, acto como último recurso para callar un grito ese Otro
nunca acogió.
(fin del caso, proseguirè con los otros...)
Vanessa Núñez
El Automatismo Mental y la (im)posibilidad de un relato
En una primera lectura de textos de Clérambault, dos son los elementos que me llaman a atención: por un lado su afán y esfuerzo clasificador y justificador y por otro la minuciosidad y la precisión de su observación, que incluyen una escucha y una mirada, que dan lugar a una interrogación y un entendimiento del otro fuera de lo común. Si hoy en día la tarea clasificadora me parece superada, o al menos de poco alcance frente al mucho más interesante dilema actual sobre la cuestión de la psicosis única, el trabajo de precisión clínica me aparece en cambio novedoso e imprescindible en estos momentos.
La lectura de la que intento dar cuenta parte de la preguntarme cómo la experiencia del Automatismo Mental im-posibilita un tipo de relato propio del sujeto. La irrupción de la alteridad y la discontinuidad automática que introducen este grupo de fenómenos heterogéneos dejan al sujeto no sólo fuera de juego, sino también despojado de algo de su subjetividad. Interrumpen y dificultan el relato con el que el neurótico sostiene su identificación y la percepción de un tiempo subjetivo.
El paciente que despertó mi interés por el Automatismo Mental sufría desde hacía años y con suma angustia episodios que lo dejaban paralizado durante horas. En ellos, a la hipersensibilidad perceptiva se le sumaba el devaneo de imágenes y escenas del pasado, quedando atrapado en ellas. Por esta razón, el sujeto se refería a los episodios como “los recuerdos”.
En su texto, Clérambault explica que “estas imágenes aparecen como impuestas del exterior (…) Difieren pues intrínseca e inmediatamente de los recuerdos. Sin duda difieren de ellos por le modo en que aparecen y se van, su carácter inafectivo, su viveza superior, tal ve su lisura y otras características plásticas, en fin, su ausencia de relación con la ideación presente, incluso visual. Los sentimientos intelectuales que acompañan al pensamiento normal están ausentes de ellas. El sujeto no las siente venir ni desaparecer, no puede ni modificarlas ni hacerlas volver, aunque estén tomadas de hechos reales y los recuerdos de estos mismos hechos, que las seguirán, son íntimamente diferente de ellos; esas imágenes no pueden ser sustituidas por los recuerdos. “ (texto Psicosis a base de Automatismo (continuación) 1926)
En el caso de este sujeto, el fenómeno afectaba considerablemente su vida, y para aplacar la angustia recurría regularmente a la toma de tranquilizantes. Al ser preguntado por la cuestión del relato, me contestó que durante los episodios del automatismo, este ir y venir sobre las imágenes y recuerdos podría pensarse más bien como un intento de reconstruir un relato íntimo, siendo sin embargo de naturaleza claramente delusiva. Añadió que parecería que uno se provocara estos fenómenos para reproducir un relato que estaría más del lado del delirio que de la realidad. Me remitió entonces a la extraordinaria película de D. Cronenberg, Spider, donde el protagonista, que sufre una esquizofrenia paranoide, se afana por tejer cual tela de araña con sus recuerdos y delirio la historia de su abismo, y a hacerlo queda apresado en ese tiempo que fue interrumpido por el trauma, dejando de transcurrir para siempre.
Un tiempo más tarde volvió a quejarse de otro fenómeno, aparentemente sin relación: fuertes episodios de abulia, que también le angustiaban y se le imponían sin poder hacer nada con ellos. A mí me ayudó poder entenderlos como la invasión de un gran vacío, en relación a todo lo que había pensado a partir del Automatismo.
Lacan estaría en este terreno más cerca de Clérambault que de Freud, en una concepción de la psicosis alejada de la lógica de la represión y lo puramente psicológico, señalándonos en cambio la importancia de la experiencia de los fenómenos del lenguaje y otros mecanismos del pensamiento automático. La búsqueda de sentido tendría entonces un significado y un peso completamente distintos. No se trataría de buscar el sentido como causa de los fenómenos, pero sí de poder acompañar y escuchar con suma discreción el sentido que el sujeto quiera o no ir construyendo alrededor de lo que le ocurre. Hablaríamos en todo caso, del mismo modo que aparece en el recorrido de un análisis, de un sentido elaborado après-coup. Aunque en el caso el psicótico eta tarea sea mucho más complicada, en su transito constante entre lo que pertenece a su delirio y lo que no lo es.
La observación y prosa meticulosa de otro psiquiatra de referencia para mí, resultan de gran valor para seguir pensando el alcance del Automatismo Mental en el tratamiento o acompañamiento del sujeto que los padece. Fernando Colina sigue los pasos de Freud cuando nos muestra cómo mucho de aquello que aparece en el espectro psicótico existe a menudo en el sujeto neurótico, aunque con otra intensidad y cualidad de la vivencia. De esta manera me ha dado que pensar que tanto la experiencia de extrañeza que produce la irrupción de la alteridad como la de la discontinuidad de lo propio no son exclusivos del transcurrir patológico. Disponemos de testimonios diversos muy rico, ya sea en el terreno de lo literario, místico o artístico. No pretendo con esta constatación desdibujar las fronteras de la enfermedad o locura, pero sí me parece que puede ayudar a ampliar el alcance de nuestra intervención. Si podemos dejar de considerar estas vivencias como restos aislados de una actividad deficitaria y patológica, y tratar de entender lo que de producción y experiencia humana y por lo tanto compartida poseen, seremos capaces de acoger este relato im-posible de otras maneras.
Termino pues esta introducción a mi investigación con una cita de Fernando Colina: “La clínica de la psicosis no descansa en los diagnósticos de enfermedad sino en el estudio de las diferencias personales que sirven para afrontar y negociar la vida psicótica, teniendo en cuenta para ellos los tropiezos del enfermo pero también su intrépida búsqueda de soluciones.” (de su libro Melancolía y Paranoia, Madrid 2011)

Respecto al escrito de Cecilia Randich, me evoca la pelicula The danishe girl ("La chica danesa", del director Tom Hooper), donde un sujeto, en apariencia masculino, comienza una travesía de desasimiento respecto a su orientación sexual, y es a partir de la propuesta de su esposa -pintora ella- que le solicita, como en un juego, que se vista de mujer para poder continuar con un retrato que había comenzado de una modelo, pero que no acudió al atelier ése día . Es a partir del contacto con la seda, la tela, sobre la piel de su cuerpo, que se desencadena un viaje que no va a tener retorno.(por supuesto que la significación del elemento seda será singular para cada quien y estará entramado en su historia) De lo que se tratará no es de una correción en la posición respecto a la elección del objeto sexual, sino de una voz que se le impone y que le ordena ser Lili, una mujer. La transformación se da en el orden del ser, además hay una referencia obligada a un personaje, encarnado por el médico que lo va a operar, que lo va a llevar finalmente a la "felicidad", al goce absoluto. Camino espinoso en donde el Otro no está marcado por una falla (es un Uno no agujereado) y por lo tanto se hace muy complicado la construcción de un partenaire, y el atravesamiento de la contingencia del encuentro. Se me ocurre que pueden surgir diversos interrogantes a partir de lo planteado en el artículo sobre la relación entre fetichismo e histeria, y la relación entre fetichismo y psicosis (ubicando al transexualismo dentro de este campo), y la relación, que creo que no fue muy dilucidada, entre fetichismo y feminidad, dado el valor fundamental que le da Freud al problema del fetichismo en relación al complejo de castración. Gracias por los escritos que me permitieron pensar. Alma Gutman.
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