
Queridos amigos, imagino nuestro proyecto en el espíritu del proyecto Bourbaki en matemáticas. Realizar algo similar en psiquiatría y psicoanálisis a lo que ese proyecto es en Matemáticas. Un trabajo compartido en el que cada autor sostiene su decir, que se incluye a su vez en una formulación que abarca lo individual y lo colectivo. Por eso esta foto del Casteller. Imagino nuestro grupo como un Casteller en el que las posiciones de cada participante de la columna vertical van cambiando todo el tiempo, cada miembro de la construcción va pasando de la base a la cima sin cesar, así todos cumplimos funciones de sostén, de transmisión, de observación y de reflexión.
Les recomiendo también la lectura del pequeño libro que envío aquí en adjunto, El monte análogo. Novela de aventuras alpinas no euclidianas y simbólicamente auténticas. Creo que sería bueno que nuestro grupo adopte el espíritu que caracteriza al grupo que en esta novela parte en busca del Monte Análogo, tal como René Daumal lo describe. De todos modos la lectura es muy agradable y entretenida. Este libro quedó trunco, ya que la muerte interrumpió la escritura de Daumal. Hace poco estuve en Pisa y me enamoré de la torre inclinada. Creo que ambos hechos hacen resonar en mí ese carácter de la empresa humana, la incompletud, la falta. Tener en cuenta este hecho creo que nos ayudará a construir nuestra propia torre, quizás un poco inclinada, quizás incompleta, pero que sin duda aportará algo a nuestro saber y al de otros.
Eduardo Minesas.
Dejamos un enlace de la reseña del libro. Los miembros del grupo pueden acceder a él en PDF en nuestra cuenta de correo.
Eduardo Minesas
Algo más sobre los proyectos humanos
José Ortega y Gasset
Prólogo a la "Filosofía de la historia" de Hegel.
Lo que vale más en el hombre es su capacidad de insatisfacción. Si algo divino posee es, precisamente, su divino descontento, especie de amor sin ser amado y un como dolor que sentimos en miembros que no tenemos. Pero bajo el gesto insatisfecho de joven príncipe Hamlet que hace el hombre ante el universo se esconden tres maneras de alma muy diferentes: dos buenas y una mala.
Hay la insatisfacción provocada por lo incompleto e imperfecto de cuanto da la realidad. Este sentimiento me parece la suma virtud del hombre; es leal consigo mismo y no quiere engañarse atribuyendo a lo que lo rodea perfecciones ausentes. Esta insatisfacción radical se caracteriza porque en ella el hombre no se siente culpable ni responsable de la imperfección que advierte. Más hay otro descontento que se refiere a las propias obras humanas, en que el individuo no solo echa de ver su defectuosidad, sino que tiene a la par conciencia de que sería posible evitarla, cuando menos en cierta medida. Entonces se siente no sólo descontento de las cosas, sino de sí mismo. Ve con toda claridad que podría aquella hacerse mejor; ve ante sus ojos, junto a la obra monstruosa, el perfil ideal que la depura o completa, y como la vida es en él –a diferencia de lo que es en el animal- un instinto frenético hacia lo óptimo, no para hasta que ha logrado adobar la realidad conforme a la norma entrevista. Con esto no obtiene una perfección absoluta, pero sí una relativa a su responsabilidad. El descontento radical y metafísico perdura, pero cesa el remordimiento.
Frente a estos dos modos excelentes de sentirse insatisfecho hay otro que es pésimo: el gesto petulante de disgusto que pasea por la existencia el que es ciego para percibir las cualidades valiosas residentes en los seres. Esta insatisfacción queda siempre por debajo de la gracia y virtud efectivas que recaman lo real. Es un síntoma de debilidad en la persona, una defensa orgánica que intenta compensarla de su inferioridad y nivela imaginariamente a la vulpeja con todo racimo peraltado.
Ortega y Gasset insiste y valoriza la capacidad de insatisfacción. ¿Qué diríamos desde nuestra óptica lacaniana, en la que el acento está puesto en lo real y el goce? De todos modos, me parece bueno que tengamos en cuenta algunos pensadores de nuestra lengua. Podemos disfrutar en este caso del encanto un poco romántico de este texto, ese acento puesto en lo que nosotros llamamos deseo (la insatisfacción) y esa incitación a no confundir "todo racimo peraltado con la vulpeja"...

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